Toda la controversia alrededor de Bob Dylan y su renuncia a recoger el Nobel de Literatura está sembrada de desconcierto, y perdón por el chiste. En situaciones como esta, la comunicación no es suficiente para arreglar los desaguisados, sobre todo si la actitud de los protagonistas es muy desafortunada.

Ni la Academia de Estocolmo, ni el propio homenajeado (ausente) ni, para rematar la faena, la cantante Patti Smith han acertado, por distintas razones, en la estrategia elegida para limpiar el buen nombre del premio y reparar decentemente el prestigio dañado.

Patti sí asistió e interpretó en la ceremonia de entrega A hard rain’s a-gonna-fall, de su amigo Bob, y es verdad que la lluvia cayó fuerte porque ni siquiera quedó claro si interrumpió su actuación porque estaba muy emocionada o porque se olvidó de la letra:

 

 

Sería idílico pero necesario que todas las partes implicadas emitieran un comunicado de urgencia expresando claramente cuál era su intención y su verdadero papel en todo este embrollo. Pero ese sería otro cantar. Nunca mejor dicho.

Aurelio Rapado